domingo, 4 de enero de 2015

LA VIDA Y SUS SENDEROS



La vida sabe el punto débil de nuestra existencia, nos inmortaliza la manera de ir ecuánime por ella misma. La vida sabe en donde golpearnos, la bofetada necesaria para tornar en sí, justo cuando no nos intimamos a germinar y a enriquecer el futuro prominente que nos ampara con expectativas. Es el golpe de quimera que te precipita en el sentido paradójico, el golpe que te devuelve las ganas disipadas de continuar el sendero prometido. La vida es esa que te recuerda lo ineludible, y que te lleva a ser un alma fluorescente entre las vidas ajenas, que aún con un buen golpe, se han perdido en la vía. La vida es esa reina karma que a veces es la más amable, llevándonos puntualmente a lo codiciado. O a veces  es la más maligna de las doncellas, llevándonos a lo opuesto. La vida habla demasiado rápido. A veces no podemos entenderla. A veces la concibo tan torpe que quisiera tan solo acelerarla un poco más. La vida es esa que  desgarra el mutismo de vez en cuando, siendo éste el alarido de guerra más brutal que alguna vez logramos oír. Ahora mismo la vida nos conserva ocupados, especulando y gesticulando lo preciso para no ser un idiota, la vida misma se encomienda para lo más cargante. La vida sigue siendo como la nevada, que se regocija y se va. La nevada a veces fastidia, y a algunos les aburre, y ¿Qué se va a hacer? La vida y sus senderos suelen ser circunspectos  y delictivos, como el arma  que avivadamente puede concluir con ella. 

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