Inquieta en su penuria, los espectros reincidentes golpean su
equilibrio. Es un trance de magia inicua. Su espíritu ha sido atraído por el
mismo cielo, empujándola nuevamente, al descenso. Negociando con el mal,
encuentra la satisfacción momentánea, sin advertir las sombras que la acechan a toda hora. Ella en su propia fosa, perpetúa su creación
magnífica en la estrella más brillante, regocijándose en la paz que a veces se
excedía, y ahora, necesita tanto. Ahora
su alma está gélida, en algún lugar lejano a su carne sin validez. Porque, ¿Qué era de ella
sin su alma o su espíritu? Se sentía como un objeto inservible en el hueco en
el que todos pretendían no caer. Aspirando el humo que otros desechaban de sus
bocas, aspirando las sobras toscas de los espectros a su alrededor. Todos la
imaginan suspirando amor en alguna torre, cuando lo único que suspira es un
fumada pesada y blanca, que la destruye poco a poco.
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