lunes, 12 de enero de 2015

La suerte

Inquieta en su penuria, los espectros reincidentes golpean su equilibrio. Es un trance de magia inicua. Su espíritu ha sido atraído por el mismo cielo, empujándola nuevamente, al descenso. Negociando con el mal, encuentra la satisfacción momentánea, sin advertir  las sombras que la acechan a toda hora.  Ella en su propia fosa, perpetúa su creación magnífica en la estrella más brillante, regocijándose en la paz que a veces se excedía, y ahora, necesita tanto.  Ahora su alma está gélida, en algún lugar lejano a  su carne sin validez. Porque, ¿Qué era de ella sin su alma o su espíritu? Se sentía como un objeto inservible en el hueco en el que todos pretendían no caer. Aspirando el humo que otros desechaban de sus bocas, aspirando las sobras toscas de los espectros a su alrededor. Todos la imaginan suspirando amor en alguna torre, cuando lo único que suspira es un fumada pesada y blanca, que la destruye poco a poco.

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