Hoy
siento que todas las fuerzas del universo caen sobre mí y se desploman en mi
espalda. No siento dolor alguno. Estoy consciente de que he perdido todas las
emociones y sentidos de mi vida y de mi propio espíritu. Finalmente hoy, me doy
cuenta realmente de todo el daño que me he hecho todo este tiempo. A veces uno
se siente estúpido por recaer en lo mismo una y otra vez, sabiendo las
consecuencias. Este es el mundo en el que he estado dormida tanto tiempo, en mi
propia burbuja ridícula e inmadura. Hoy, por fin, me declaro culpable.
Ya no
culpo ni al universo ni a las adversidades, porque yo misma me he cavado mi tumba.
Me he tapado los ojos con mis propias manos. Hoy es el día del descenso.
Llega un
punto preciso en el tiempo en donde uno se vuelve de plástico. Ese punto en
donde ya no perteneces a nada, ya no te sientes como nadie, ni quieres ser
nadie. Todos los diafragmas y enigma
deben ser descubiertos. Hemos perdido la esencia y las virtudes que nos
animaban. Siento que estoy sumida en la parte más lóbrega de mi misma, perdida
en la imbatible penumbra de mi propia
alma. Hoy estoy dispuesta a que todo acabe. No
siempre he sentido todo esto tan vivo en mí. Lo sentía a duras penas,
escondido en lo más insondable de mí
ser, y ahora, ha emergido y flotado hasta mi cabeza, hasta este punto en el que
no quiero ser nada.
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