Ahora que caigo, querido, en el recuerdo recurrente y fatídico que es tu amor, me doy cuenta que no hay pretexto, prosperidad ni paz en mi alma si tus ojos no están sobre los míos. Ahora que sueño y que canto a la nada, veo que tú eres quien me divisa y quien bebe las palabras de éste aliento casi extinto que se angustia sin tu presencia. Ahora que estás remoto, he optado por lanzar mis espejos al viento, hasta que acorralen tu destino y ten encuentren, y entonces puedas percibirme como objetivamente soy: Tuya.
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