viernes, 1 de abril de 2016

el reverso de los ojos

Hay sitios más intrínsecos e itinerarios,
En los que mi calma puede alojarse,
Y aunque no es impalpable la avidez y la desesperación,
Sí lo son el tardío regazo de los lapsos y las agujas.

Corroerse en la negrura de la faz reversa de la mirada, es un triste consuelo,
Un pretexto, un falso bálsamo.
Pero sucede que he atrapado allí el sosiego, la circulación en contraria al caos y al demoniaco aburrimiento.

Al hastío pesar de los días, y al inminente rechazo de la gente,
Existe ahí de todas formas un amenazador recelo, un invento turbio.

Y amedranta, y taladra, y obstruye,
O es así como yo lo concibo, como yo lo diviso, a pesar de que lo que veo es invisible.

¿Cómo podría yo entonces escuchar algo que no suena? Todo reside en el reverso de los ojos.

No hay sistema existente en la palidez de la noche, no hay restricciones e imposibilidades.

Sin embargo, nada ahí puede brillar. Pero el incesante taconeo de la nada, pulsa el centro de mi razón, mis ojos ya no podrán ver lo invisible. Mis oídos no escuchan lo que no suena. No me carcome lo que no me remuerde. No hay perdón.

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