Aún no he logrado palpar el cielo del enojo brutal, pero vaya que he estado cerca. ¡Oh! Claro que sí. He alcanzado la culpa, más allá del pánico, donde no se inhala más que inmundicia. Y he rozado la calma, la avaricia y he vomitado mil veces el perdón sobre las manos de la inmadurez.
¿Pero qué más da? ...Si el pecado no es más que la devoción invertida, entonces hay clemencia y misericordia más allá nuestras almas.
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