Incluso en el final, incluso en los más infames recuerdos, en
el siniestro revés y en la gloria. En
mis sueños, en los de otras, en el regazo de los lamentos y en el indefinido rasgo
de una risa tal vez ilusoria. En las noches, en los días y en las incalculables
horas que pasé a intemperie.
Incluso, en todos esos momentos en los que me adulteré a mí
misma, cuando creí aborrecerte, incluso ahí, es casi indudable que fuiste mío.
Tendido sobre mis abatidas palabras, ahogado en el hastío curso
del tiempo que nos separa, que nos separaba, que no separará...Hasta que el sol,
en definitiva, se disipe en las tinieblas.
Pero...¿Seguirás siendo mío cuando finalmente la noche fallezca?
Siempre hay un aire insípido en tus labios, como si quisieras arrancarlos con violencia de tu rostro. Siempre está ese misterio en tus ojos, uno que no sé muy bien qué significa, pues nunca tengo el valor para mirar el vacío tanto tiempo.
Están esos raros suspiros que salen de tu nariz con imprudencia cada vez que me pierdes, cada vez más seguido. Espero no hacer tus días más infernales de lo que tú rostro revela.
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