No puedo dejarlo, no
puedo huir como una cobarde a su maldad. No puedo renunciar a sus brazos y sus dientes, su inaudita forma de
mirarme. Y sí, he estado aquí antes, he visto el fin incontables veces. Lo he
negado, lo he ignorado, pero no puedo solo dimitirlo. No puedo, dejar que otra tome
sus brazos y ese olor tan demoníaco que sale de su piel. No puedo, simplemente,
dejar que retorne al infierno. Antes de él, antes de todo el tiempo, no había
más que oscuridad. ¿Cómo podría dejarlo ir? No puedo dejarlo.
¿Cómo podría lanzarlo al abismo, derrumbar el recinto de vacilaciones,
cómo podría dejar que se vaya sin ratificar
las palabras? ¿Cómo es que me permitiría
dejarlo perdido y vacío, a la deriva?... ¿Cómo podría, después de que me juró
que me pertenecía? No puedo solo matarlo.
¿Ser una más?...Miedo. Pero resignación, ignorancia,
insensatez...Cobardía. ¿Para qué pensar en el final, si ni bien ha empezado?
Nunca habrá un adiós, un adiós concreto.
No hay comentarios:
Publicar un comentario