Explorando meticulosamente cada rincón, por fin puedo
concluir que deseo indudablemente morir a costas de todas y cada una de tus
expresiones. De las risas, del odio, de las extrañas miradas y los recuerdos
irreproducibles. Deseo morir en cada fragmento, justo en cada línea de sensato
sentir, en cada vértigo de placer y en cada ruina del esperar. Esperar y
esperar con un fin irrefutable: Quererte. Quererte así, porque solo lo dice la
nada, porque así lo dicta el aire, porque así lo quiere el mismo demonio.
Morir, pero siendo dueña de todo lo tuyo hasta el último
suspiro. Justo así.