Sin sentido me entierro en la mar omnisciente
Señora de nadie
Dueña del misterio
Impulsada en la fogosidad extrema
De la noche dura.
Frágil y profunda
En los tiempos ideales
Y de tan violenta pasión
Como las olas villanas del tiempo.
Más allá de los placeres y las confabulaciones espirituales
La fantasía primaveral
Se vuelve mundana como el viento
Frío y blanco
Como los cabellos blancos de las estrellas
Un refinamiento frívolo y enigmático.
Burbujeante la mar que todo lo sabe
Callada y minuciosa
Propia de su sabiduría
Muestra de lágrimas eternas
De súplicas ahogadas en voces lejanas
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