viernes, 5 de septiembre de 2014

El chico del cigarro

Él era de una palidez tenue
Tenía una belleza conmovedora
En sus largas y grandes manos reposaba un cigarro
Entre dos dedos tenía lo que necesitaba
Aspiraba de vez en cuando el humo de la gracia
Por cada vez que lo hacía perdía un minuto de vida
Pero el chico pálido era capaz, era joven, nada importaba
Su amigo desechable se fue convirtiendo en ceniza
Su voz cada vez era más áspera
Sacó otro cigarro de la caja, lo incendió y las cenizas volvieron a caer
El cigarro entre sus dedos fue desapareciendo

Al igual que sus esperanzas.

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