El
señor y la señora Smith se encontraban sentados, como cualquier matrimonio monótono
hundidos en una incesante pero confortable rutina en la que rara vez surgía un
atípico desvío.
De
repente el señor Smith se da cuenta de algunos detalles en los que nunca había
pensado antes. En aquel momento pensó en
el rostro en de su esposa, se dio
cuenta de un envejecimiento en ella que no había notado nunca. Esto no
desapareció o apareció en el ningún
sentimiento, pero descubrió algo que nunca había notado, y se describió de esta
manera el hermoso rostro de la mujer que desde hace ya varios años, veía en la
misma silla, al frente de él , tan despreocupada y fresca como siempre:
Los
ojos de la señora Smith habían tenido en algún momento un color verde incisivo y penetrante. Sus
cabellos fueron más bien negros, pero ahora tenían un tono plomizo, espeso y
lejos de un negro recio.
Luego
el señor Smith se sintió cruel, y decidió perforar de igual forma, los defectos
de su rostro:
El
señor Smith había tenido el cabello de un rojizo demencial, pero ahora se
ligaba con algunos mechones amarillos que hicieron de ese rojo una gran
metamorfosis. Sus ojos rondaban un gris ambarino, un color extraño, algo que se
apreciaba muy pocas veces.
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