No hay tal ira que corra por este pobre corazón como para derrotar la desgracia. No hay tal ira, sino un vacío que emerge de quién sabe dónde, a quién sabe qué.
¡Ay! Si este corazón tuviera fuerza, ¡Más que ira, sería odio lo que este corazón tendría!...Pero no es más que vacío inerte lo que un pobre corazón puede llegar a sentir.
¡No señor! La ira en mi corazón no reposa, ni reposará nunca, pues es la ira un sentimiento cobarde e histérico, insensato y maldito.
¡Y que explote mi corazón en mil pedazos antes de sentir la ira bombear como una terrible enfermedad! Que se disuelva y se desbarate antes de que la cobardía lo abrace.
Y si ha de morir, efectivamente mi corazón: Que el perpetuo vacío y la debilidad, lo acompañen.
Especialmente dedicado a mi gran amigo Jaime Romero.
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