A veces, en las noches mas borrosas e inseguras, me pregunto si han valido la pena los intricados pasos que he dado hacia ti. El camino de fuego, las verdades, las mentiras, las dudas y el entorpecimiento. El golpe, el sudor, las lágrimas, la sangre.
A veces, solo algunas veces, no muy seguido, me atrevo a pensar que, pese al torbellino de intrusos sentimientos sórdidos y malditos, pudiste, efectivamente, ser mío.
Y sí, absurdo, pero nada demasiado grave como para hacerme pensar que pude haber sido una bola de hierro.
Pesada, difícil y molesta. Y si lo fui, bien por mi pasado. Bien por el sufrimiento, por las noches, por las miles de veces que no te soporté y que quise alejarme en vano. Mal por ahora. Por todo esto y por lo que viene.
Pero el tema es que aún no me respondo. El tema, es que después de haber buscado paz en otros, extraño tú caos.
Tu orgullo, tu detestable forma de vivir. Y me pregunto, todas las noches me pregunto, si a caso lo merezco.
Y me encantó verte estallar...Odiarme después de haberme jurado amor. Me gusta que me detestes, que me ignores sabiendo que aún, muy lejanamente, me haces falta.
Aunque no lo creas, disfruto cuando alardeas tú felicidad de plástico ante mis ojos, que ya no logran ver nada, ciegos tal vez de ira.
De todas formas, querido, algún día, te haré saber la respuesta.
(...Por ahora solo vivo de tu inseguridad, del sí y el no que aun no descifro, y de cualquier otro caos parecido al tuyo que pueda atraerme. No te preocupes, no reincidiré.)
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