martes, 17 de febrero de 2015

El espejo

Sumamente paradójico, suele llevarme casi eternamente al pasado remoto. Me mira a los ojos, me examina. Es su viaje,  indescriptible. En las tinieblas, suelo indagar en sus destellos cósmicos, que casi siempre intiman sobre algo que trato de abandonar. Los fulgores pasivos, la guillotina del sueño. Él es el fiel sincero, el que solo cuenta desmanes, el espectador omnisciente de las horas.  La primera figura real y cambiante, la luz y la oscuridad. Él despierta la culpa y la veracidad, la imaginación y la violencia tosca. El muestra en mí, cierta soledad, el aura que me cuestiona bruscamente. La vida impresa en mis ojos, y la verdad ilustrada en mis venas.  A veces me muestra esos espectros reincidentes que asaltan mi armonía.  El es el que me muerde la conciencia, me reprime al pasado y me inyecta los más inhóspitos de sus desvelos. 

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