sábado, 7 de marzo de 2015

Enero y su diagnóstico



Éste es un humilde relato que está fielmente dedicado a la dulce niña January. Por ser tan mágica y tan fuerte. Éste relato es muy importante pues puse mucho corazón en él para intentar plasmar una pequeña parte de su historia, Espero que la disfruten, y si aún no saben quién es January, pueden ver este documental sobre ella (Si no conocen su historia, les recomiendo ver el documental primero para poder entender el relato):https://www.youtube.com/watch?v=QzhWFWnajwI

En aquél paraíso aislado, en el cual estuve por algunos meses, me sentí dotada por un poder transversal y místico, sentí la magnitud de la vida y la penuria convergidas.  Fui afortunada por haber crecido en ese lugar tan limitado pero a la vez tan mágico, dónde me comunicaba con algunos seres amables que pensé, nunca lograría ver en realidad. Me sentí marcada por la mejor de las estrellas, y sentí 400 constelaciones a mí alrededor.  Finalmente el día de mi descenso estalló, y ya era parte de que me perpetuaría por el resto del tiempo. Los seres que tanto me hablaron desde afuera del paraíso, estaban frente a mí, sonrientes. Ellos pensaron, al igual que yo, que mis 400 estrellas eran un regalo que se había sembrado en mi alma hacían algunos meses atrás.
Al pasar el tiempo, algunas visiones coloridas fueron apoderándose de mis pensamientos. Quizás eran más dotes hermosos que empezaban a adueñarse de mí, para convertirme en un ser más perfecto. El  tiempo era cambiante. El tiempo era una de mis constelaciones favoritas, pues aceleraban esas visiones reincidentes que se cruzaban en mí constantemente. Algunos creían que el tiempo era malo, y que yo iba a dañarme si seguía siendo su fiel amante. Nunca presté atención a esos seres con malas vibras, y cada día me proponía centrarme más en mis propias estrellas y en mi propio mundo, el alrededor lo fui convirtiendo en mío.
Mis días de los que yo sola era dueña, fueron iluminados por luciérnagas mágicas. Ellas eran parte de mí junto con el tiempo, que junto con mi ayuda, las habíamos traído hasta nuestro universo. Los seres que tanto me esperaron y que tanto me hablaron eran mis únicos amigos, a parte de las luciérnagas, mis 400 estrellas y el tiempo. Muchas veces estos seres no me entienden, no sienten la  luminosidad de mis luciérnagas ni sienten el movimiento perfecto del tiempo. Sin embargo estos seres que yo tanto quería eran los únicos que trataban de hacerme feliz y de entenderme. Mis luciérnagas eran parte de mí, pues sin ellas mi universo no tendría una luz mágica. Mis 400 estrellas estuvieron conmigo desde antes de existir el tiempo y la propia vida, yo soy 400, y 400 soy yo. Así lo siento. El tiempo, era mi aliado y mi amante, pues siempre me trajo la dicha y me fue dando dotes increíbles, el tiempo es la vida misma, y hasta más que ella.
Extrañamente, fui sintiendo como un mal espectro se fue adueñando de mí, y yo observaba como me abandonaban lentamente mis estrellas, como mi luciérnaga sucumbía al abismo. Algo estaba llevándose mi paz, y yo solo obedecía a este espíritu siniestro que me comía por dentro y destruía mí realidad. Mis estrellas fueron convirtiéndose en 80 horas. Con el tiempo, (el cual nunca me abandonó)  fui agarrándole cariño a 80 horas. Y también, a este extraño espectro que decía llamarse jueves. Los seres que tanto me esperaron y acogieron por todos este tiempo, se les veía extrañados por mi comportamiento. No sabía cómo explicarles que yo no era la autora de estos comportamientos que jueves fue introduciendo en mí. 80 horas me hizo cambiar, y a veces lanzaba alaridos de violencia mórbida que no eran más que un grito desesperado de descontento con mis estrellas faltantes. Este espíritu ya se había ido, y se llevó con él, mi paz.
Jueves se llevó más estrellas de mi universo, pero no me dejó sola. 24 horas y viernes ahora me gobernaban. Yo era una súbdita a sus pies, y cualquier orden, por más desalmada que fuera, debía formar parte de mí y del tiempo. Y por consiguiente, de los pobres seres que aún me adoraban inconscientemente.
Los seres trataron de buscar ayuda, pues yo ya no era yo, y estaba sumida en lo más recóndito en mi propia alma. Yo me había oscurecido. 24 horas y viernes fueron trayendo más constelaciones horribles, ya no eran dotes, eran constelaciones malignas que pronto se vendrían adueñando de la poca cordura que me quedaba. El tiempo siguió trayendo más d esto, convirtiéndose también, en mi enemigo. Hasta que un día
Los seres por fin tenían el diagnóstico.                Mi descenso. 

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