El silencio nos vuelve gélidos. El silencio
ciñe toda cordura presente haciéndola tan tóxica como la peor de las
esquizofrenias.
…”El silencio me hizo primogénita de la sangre, y por consiguiente,
del dolor”
Sin querer, el silencio y la soledad enseñan
tantas cosas. Nos calla la penuria y la grandeza, la burla y el desengaño,
abatiéndonos a la nada infinita. Suspiramos los intentos sin resultado y
callamos por un fin inexplicable. La soledad misma es un entretenimiento, lleva
la batuta en el arte de fingir, lóbrega en la inmundicia, flotando en la
desdicha quizás muriendo asfixiada. La soledad aparenta ser tonta y turbulenta,
torpe y cáustica, ineludible y capaz. La soledad empieza siendo un descanso, y
termina siendo el descenso.
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