No hay tal ira que corra por este pobre corazón como para derrotar la desgracia. No hay tal ira, sino un vacío que emerge de quién sabe dónde, a quién sabe qué.
¡Ay! Si este corazón tuviera fuerza, ¡Más que ira, sería odio lo que este corazón tendría!...Pero no es más que vacío inerte lo que un pobre corazón puede llegar a sentir.
¡No señor! La ira en mi corazón no reposa, ni reposará nunca, pues es la ira un sentimiento cobarde e histérico, insensato y maldito.
¡Y que explote mi corazón en mil pedazos antes de sentir la ira bombear como una terrible enfermedad! Que se disuelva y se desbarate antes de que la cobardía lo abrace.
Y si ha de morir, efectivamente mi corazón: Que el perpetuo vacío y la debilidad, lo acompañen.
Especialmente dedicado a mi gran amigo Jaime Romero.
jueves, 25 de febrero de 2016
sábado, 13 de febrero de 2016
dāniyyêl
A veces, en las noches mas borrosas e inseguras, me pregunto si han valido la pena los intricados pasos que he dado hacia ti. El camino de fuego, las verdades, las mentiras, las dudas y el entorpecimiento. El golpe, el sudor, las lágrimas, la sangre.
A veces, solo algunas veces, no muy seguido, me atrevo a pensar que, pese al torbellino de intrusos sentimientos sórdidos y malditos, pudiste, efectivamente, ser mío.
Y sí, absurdo, pero nada demasiado grave como para hacerme pensar que pude haber sido una bola de hierro.
Pesada, difícil y molesta. Y si lo fui, bien por mi pasado. Bien por el sufrimiento, por las noches, por las miles de veces que no te soporté y que quise alejarme en vano. Mal por ahora. Por todo esto y por lo que viene.
Pero el tema es que aún no me respondo. El tema, es que después de haber buscado paz en otros, extraño tú caos.
Tu orgullo, tu detestable forma de vivir. Y me pregunto, todas las noches me pregunto, si a caso lo merezco.
Y me encantó verte estallar...Odiarme después de haberme jurado amor. Me gusta que me detestes, que me ignores sabiendo que aún, muy lejanamente, me haces falta.
Aunque no lo creas, disfruto cuando alardeas tú felicidad de plástico ante mis ojos, que ya no logran ver nada, ciegos tal vez de ira.
De todas formas, querido, algún día, te haré saber la respuesta.
(...Por ahora solo vivo de tu inseguridad, del sí y el no que aun no descifro, y de cualquier otro caos parecido al tuyo que pueda atraerme. No te preocupes, no reincidiré.)
A veces, solo algunas veces, no muy seguido, me atrevo a pensar que, pese al torbellino de intrusos sentimientos sórdidos y malditos, pudiste, efectivamente, ser mío.
Y sí, absurdo, pero nada demasiado grave como para hacerme pensar que pude haber sido una bola de hierro.
Pesada, difícil y molesta. Y si lo fui, bien por mi pasado. Bien por el sufrimiento, por las noches, por las miles de veces que no te soporté y que quise alejarme en vano. Mal por ahora. Por todo esto y por lo que viene.
Pero el tema es que aún no me respondo. El tema, es que después de haber buscado paz en otros, extraño tú caos.
Tu orgullo, tu detestable forma de vivir. Y me pregunto, todas las noches me pregunto, si a caso lo merezco.
Y me encantó verte estallar...Odiarme después de haberme jurado amor. Me gusta que me detestes, que me ignores sabiendo que aún, muy lejanamente, me haces falta.
Aunque no lo creas, disfruto cuando alardeas tú felicidad de plástico ante mis ojos, que ya no logran ver nada, ciegos tal vez de ira.
De todas formas, querido, algún día, te haré saber la respuesta.
(...Por ahora solo vivo de tu inseguridad, del sí y el no que aun no descifro, y de cualquier otro caos parecido al tuyo que pueda atraerme. No te preocupes, no reincidiré.)
Ansiedad
¿Por que se nos hará tan difícil mantener distancia? Invadir, molestar, sentirse agobiado.
Casi inevitable cuando te sientes respirando en medio de una turbulencia.
Mediocre y casi absurdo, uno no puede dejarlo ir. No tan fácil.Y ya, y llega un momento en el que ni uno mismo se tiene explicaciones, en donde uno debe redefinirse, y escupirle a los obstáculos...A veces da tanta flojera llegar a allá. Porque sí, porque así es uno, porque así soy yo. ¿Y para que hacer algo?
Sí, masoquismo, sí, sí, ya que más da. El daño, el gusto, el drama. Uno se acostumbra.
Y ahí esta el infierno: En la costumbre. ¡Dios mio! Pobre de aquel que llegue a la cúspide de la costumbre más fatal y adictiva. Y dichoso aquel, dichoso el que llegue a romper los barrotes de la costumbre y su ociosidad, y su desenfreno, y su codicia, y su maltrato. Dichoso aquel, que después de ser libre, se acomode a los pies de la rutina.
Dichoso aquel, que de un día para otro, logra entender que la felicidad de uno, no la tienen otros.
Casi inevitable cuando te sientes respirando en medio de una turbulencia.
Mediocre y casi absurdo, uno no puede dejarlo ir. No tan fácil.Y ya, y llega un momento en el que ni uno mismo se tiene explicaciones, en donde uno debe redefinirse, y escupirle a los obstáculos...A veces da tanta flojera llegar a allá. Porque sí, porque así es uno, porque así soy yo. ¿Y para que hacer algo?
Sí, masoquismo, sí, sí, ya que más da. El daño, el gusto, el drama. Uno se acostumbra.
Y ahí esta el infierno: En la costumbre. ¡Dios mio! Pobre de aquel que llegue a la cúspide de la costumbre más fatal y adictiva. Y dichoso aquel, dichoso el que llegue a romper los barrotes de la costumbre y su ociosidad, y su desenfreno, y su codicia, y su maltrato. Dichoso aquel, que después de ser libre, se acomode a los pies de la rutina.
Dichoso aquel, que de un día para otro, logra entender que la felicidad de uno, no la tienen otros.
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