viernes, 1 de abril de 2016

infante caído

¡Horrible! ¡El amor enfureció más hasta tronar, hasta estallar, hasta explotar! ¿No lo escuchas?
Violetas mentiras resonaron en el retablo. ¡Azul!
Una pequeña lágrima holográfica en el extravío, ¡Durmiente! ¡Durmiente! Rabiando, rabiando.
Y una señal dura, palpitante, cubrió de desconsuelo la pesadumbre. ¡Ay, horrible!
Imaginación, solidez, un triste resonar.
El fulgor de los ojos se evapora, la noche balbucea preguntas. El sol se retuerce.
Campanas, campanas, ¡El odio pasó tocando campanas! Tristeza murió. Felicidad nació.
Hubo sumisión. Él no podría sucumbir. Cálidos deseos...Yo no podría dejarte.
Y el amor digiere, ¡Exterminio! ¡Exterminio! El sonido, las membranas, ¡El timbral!
Un grito del mar, absurdo, inerte. Cuando el mar solía gritar ¡Ay! ¡Horrible!
Aceleraciones aullando en la oscuridad, fascinante. A los cielos, al Adán, el nunca sopló el viento.
Lejos, lejos, invariable espera. ¡Sumiso! Atravesado, confundido.
Tan frío, tan frío ¡Escucha el lamento! Aprender el bajón: Tan frío, tan frío.
Cada uno de los pestañeos, la dulce música. Todo ese líquido. Tan fría, tan fría.
Muy sola. ¡Tan fría, tan fría!
¡Horrible!

resísteme

Si ya no extraño ni el beso ni el tacto de la noche, ni extraño ningún tiempo muerto, si no me inquieta ya olvidar y desconocer, y mi alma ha huido lejos a no sé dónde...

Sostenme.

Cuando mi felicidad se ahorque en la nada y mis sueños se congelen, ríe. Pero no de mí, ríe del tiempo que no siento pasar, del rocío que no siento caer, ríete de mi cuerpo inerte, que reposa, pero no vive. Ríete del infierno, de los gritos y el desespero, de mi lado oscuro y de los demonios. Ríete de eso a lo que nadie le causa gracia, ríete de lo que todos odian de mí y del mundo. Ríete de la gloria caída, de la vida precoz, del sol que para mí ya no sale. Entonces ahí, podré extrañar el beso y el tacto una vez más.

contradicciones después del desastre

¿Y que fuimos? No pudimos ser más que un canto funesto.
¿Y qué somos hoy? Si hasta la nada es algo, seguramente, nuestras sombras que se apartan algo deben ser.

Nuestros roces intranquilos y fogosos se obligaron a ser algo. Incluso hasta más que la nada y que el todo.
No somos parte de la loca agonía que se ahoga en la escoria.
Me burlo, te burlas, de la incierta afirmación que alguna vez compaginamos.
Hay inmovilidad en las palabras que siempre dijimos, pero que nunca objetamos.

...Cuando nos atacó la furia, ¿Lo recuerdas? La ira te ciega, como el recuerdo, que ya no existe.

el reverso de los ojos

Hay sitios más intrínsecos e itinerarios,
En los que mi calma puede alojarse,
Y aunque no es impalpable la avidez y la desesperación,
Sí lo son el tardío regazo de los lapsos y las agujas.

Corroerse en la negrura de la faz reversa de la mirada, es un triste consuelo,
Un pretexto, un falso bálsamo.
Pero sucede que he atrapado allí el sosiego, la circulación en contraria al caos y al demoniaco aburrimiento.

Al hastío pesar de los días, y al inminente rechazo de la gente,
Existe ahí de todas formas un amenazador recelo, un invento turbio.

Y amedranta, y taladra, y obstruye,
O es así como yo lo concibo, como yo lo diviso, a pesar de que lo que veo es invisible.

¿Cómo podría yo entonces escuchar algo que no suena? Todo reside en el reverso de los ojos.

No hay sistema existente en la palidez de la noche, no hay restricciones e imposibilidades.

Sin embargo, nada ahí puede brillar. Pero el incesante taconeo de la nada, pulsa el centro de mi razón, mis ojos ya no podrán ver lo invisible. Mis oídos no escuchan lo que no suena. No me carcome lo que no me remuerde. No hay perdón.

árido

Rompiendo el sentido, las millones de vacilaciones,
Mordiéndolas con ímpetu hasta regarse en su vacíe.
Así es cómo vamos, como el fiel transeúnte que robustece su paso
Y lo vuelve compacto.

Atónito, exhausto, imperceptible.

Mientras esporádicamente llueven los recuerdos que, no obstante,
Nos derrocan el teatro absurdo que hemos armado, a sudor limpio,
Sucumbiendo así, a la falsedad inerte.
Usted puede ser el tiempo completo, sin faltas, usted puede traspasar los viajes,
Los sublimes coros, todo el aura ligero que alguna vez golpeó tenuemente su rostro, como un espectro desnudo.
Usted ha podido intimar piedad, demandar misericordia brutalmente.
Jamás supo si sería negada, y lo único que le queda ahora, querido,
Es el deleite infernal.