Yo, la minoría absoluta, la pérdida total de cordura. Yo, la dueña transversal de las estrellas, de los sueños del tiempo. Yo, la insólita reina de la subjetividad, la fina presencia de la estupidez...Yo, la doble vida, la hermandad, soy a veces el vivo sufrimiento de la noche,
Soy, sin más, la interrogativa andante.
A veces solo soy el tiempo que se pierde entre las olas. Soy el infinito escape, la inmensidad de las aguas, la adicción de la arena al mar.
Lo irónico en que siendo nadie, soy algo.
domingo, 22 de marzo de 2015
sábado, 7 de marzo de 2015
Enero y su diagnóstico
Éste es un humilde
relato que está fielmente dedicado a la dulce niña January. Por ser tan mágica
y tan fuerte. Éste relato es muy importante pues puse mucho corazón en él para
intentar plasmar una pequeña parte de su historia, Espero que la disfruten, y si aún
no saben quién es January, pueden ver este documental sobre ella (Si no conocen
su historia, les recomiendo ver el documental primero para poder entender el
relato): https://www.youtube.com/watch?v=QzhWFWnajwI
En aquél paraíso aislado, en el cual estuve por algunos
meses, me sentí dotada por un poder transversal y místico, sentí la magnitud de
la vida y la penuria convergidas. Fui
afortunada por haber crecido en ese lugar tan limitado pero a la vez tan
mágico, dónde me comunicaba con algunos seres amables que pensé, nunca lograría
ver en realidad. Me sentí marcada por la mejor de las estrellas, y sentí 400 constelaciones a mí alrededor. Finalmente el día de mi descenso estalló, y
ya era parte de que me perpetuaría por el resto del tiempo. Los seres que tanto
me hablaron desde afuera del paraíso, estaban frente a mí, sonrientes. Ellos
pensaron, al igual que yo, que mis 400
estrellas eran un regalo que se había sembrado en mi alma hacían algunos
meses atrás.
Al pasar el tiempo, algunas visiones coloridas fueron
apoderándose de mis pensamientos. Quizás eran más dotes hermosos que empezaban
a adueñarse de mí, para convertirme en un ser más perfecto. El tiempo era cambiante. El tiempo era una de
mis constelaciones favoritas, pues aceleraban esas visiones reincidentes que se
cruzaban en mí constantemente. Algunos creían que el tiempo era malo, y que yo
iba a dañarme si seguía siendo su fiel amante. Nunca presté atención a esos
seres con malas vibras, y cada día me proponía centrarme más en mis propias
estrellas y en mi propio mundo, el alrededor lo fui convirtiendo en mío.
Mis días de los que yo sola era dueña, fueron iluminados por
luciérnagas mágicas. Ellas eran
parte de mí junto con el tiempo, que junto con mi ayuda, las habíamos traído
hasta nuestro universo. Los seres que tanto me esperaron y que tanto me
hablaron eran mis únicos amigos, a parte de las luciérnagas, mis 400 estrellas
y el tiempo. Muchas veces estos seres no me entienden, no sienten la luminosidad de mis luciérnagas ni sienten el
movimiento perfecto del tiempo. Sin embargo estos seres que yo tanto quería
eran los únicos que trataban de hacerme feliz y de entenderme. Mis luciérnagas
eran parte de mí, pues sin ellas mi universo no tendría una luz mágica. Mis 400
estrellas estuvieron conmigo desde antes de existir el tiempo y la propia vida,
yo soy 400, y 400 soy yo. Así lo siento. El tiempo, era mi aliado y mi amante,
pues siempre me trajo la dicha y me fue dando dotes increíbles, el tiempo es la
vida misma, y hasta más que ella.
Extrañamente, fui sintiendo como un mal espectro se fue
adueñando de mí, y yo observaba como me abandonaban lentamente mis estrellas,
como mi luciérnaga sucumbía al abismo. Algo estaba llevándose mi paz, y yo solo
obedecía a este espíritu siniestro que me comía por dentro y destruía mí
realidad. Mis estrellas fueron convirtiéndose en 80 horas. Con el tiempo, (el cual nunca me abandonó) fui agarrándole cariño a 80 horas. Y también,
a este extraño espectro que decía llamarse jueves.
Los seres que tanto me esperaron y acogieron por todos este tiempo, se les veía
extrañados por mi comportamiento. No sabía cómo explicarles que yo no era la
autora de estos comportamientos que jueves fue introduciendo en mí. 80 horas me
hizo cambiar, y a veces lanzaba alaridos de violencia mórbida que no eran más
que un grito desesperado de descontento con mis estrellas faltantes. Este
espíritu ya se había ido, y se llevó con él, mi paz.
Jueves se llevó más estrellas de mi universo, pero no me dejó sola. 24 horas y viernes ahora me gobernaban. Yo era una súbdita a sus pies, y cualquier orden,
por más desalmada que fuera, debía formar parte
de mí y del tiempo. Y por consiguiente, de los pobres seres que aún me
adoraban inconscientemente.
Los seres trataron de buscar ayuda, pues yo ya no era yo, y
estaba sumida en lo más recóndito en mi propia alma. Yo me había oscurecido. 24
horas y viernes fueron trayendo más constelaciones horribles, ya no eran dotes,
eran constelaciones malignas que pronto se vendrían adueñando de la poca
cordura que me quedaba. El tiempo siguió trayendo más d esto, convirtiéndose
también, en mi enemigo. Hasta que un día
Los seres por fin tenían el diagnóstico. Mi descenso.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)